2009 / 10 / 09

LA VOZ DEL INTERIOR Suplemento: La Voz Del Campo

Ganaderos a corral

En un campo dedicado casi en su totalidad a la agricultura, en el norte de la provincia, una empresa familiar mantiene un “feedlot” para 12 mil cabezas. Mas allá de la eficiencia alcanzada en el engorde de terneros, el negocio sólo es rentable con el pago de la compensación oficial.


En Las Chilcas, de la mano del engorde intensivo, la ganadería conserva su peso.

El establecimiento, casi ciento por ciento agrícola, opera un “feedlot” para 12 mil cabezas.

ALEJANDRO ROLLAN, DE NUESTRA REDACCION

Cuando sus actuales dueños compraron Las Chilcas, en 1980, el establecimiento ubicado en el departamento Río Seco era el típico ganadero de cría de la región, donde la agricultura comenzaba a alumbrar con fuerza. En sus inicios estuvo poblado con un plantel de dos mil vientres que, sobre la dieta del gatton panic, alcanzó porcentajes de preñez del 93 por ciento.
Hoy, 30 años después, el campo se ha convertido casi cien por ciento agrícola; salvo su corazón donde aún late la ganadería con  un engorde a corral (feedlot) con una capacidad instantánea de 12 mil cabezas.
En el transcurso de las ultimas tres décadas, el establecimiento vivió una transición que conjugó el avance de la agricultura, pero también el crecimiento de la producción de carne; todo bajo un modelo de integración. “En 1994 incorporamos las primeras 500 hectáreas agrícolas, pero nunca dejamos de hacer ganadería”, aclaró a La Voz del Campo Mario Aguilar Benítez, al frente de la empresa familiar que, junto a sus hijos Mario, Andrés y Santiago, se dedica a la producción agropecuaria en Las Chilcas.
Cuando en 1985 el modelo de la cría con pasturas aportaba entre el 80 y 120 kilos de carne por hectárea, su dueño soñaba con poder llegar a 300 kilos por hectárea. “En 1998 ya producíamos 600 kilos y hoy hacemos 2.500 kilos de carne por hectárea dedicadas a la ganadería”, comparó Aguilar Benítez, ingeniero mecánico de profesión.

Transformación
Si bien hay registros por escrito de que el engorde de hacienda a corral se inicio en 1988, fue en 1996 cuando el encierro comenzó a tomar escala industrial.
A fines de equiparar la alta carga animal que soportaban los lotes con gatton durante el verano, el productor decidió encerrar los animales durante el invierno con una dieta basada en el suministro de silo de maíz picado fino. Era el componente justo para equilibrar el balance forrajero.
El paso posterior fue incorporar la alfalfa como eslabón productivo. “Es la mejor de toda, no hay dudas de que es la reina de las forrajeras. Si bien es cara y riesgosa, con manejo es altamente productiva”, afirmó Aguilar Benítez.
A tal punto fue  el desempeño que tuvo la forrajera en Las Chilcas que comenzó a remplazar al gatton de los lotes. “Nos servia para el verano y también para el comienzo del invierno”, sostuvo el ganadero.
El silo seguía estando en la cadena, para atender la demande invernal de los terneros que ingresaban a los corrales a partir de marzo. “Al llegar  a octubre nos encontrábamos que había terneros ya gordos; esos no iban ni al gatton ni a las alfalfas. Iban a una ración de aporte de energía durante 30 días para su terminación”, reveló. En conclusión, hasta el año 1998, en Las Chicas convivieron tres sistemas de engorde: sobre gatton, alfalfa y feedlot. Mientras tanto, la agricultura seguía creciendo a todo ritmo.
La incorporación de sus hijos Andrés y Santiago a la empresa terminó por volcar la balanza a favor de la producción de granos, una tendencia que ya habían adoptado años atrás sus colegas miembros del grupo Crea Totoral. Sin embargo, Mario se las arregló para mantener viva la ganadería. El plantel de cría dio paso a la invernada, a partir de la compra de terneros. “Mis hijos me decían: papá si nos das tres hectáreas de alfalfa, que producen 18 mil kilos de materia seca en la zona, te damos una hectárea mas de silo, que produce lo mismo que las tres de alfalfa, y vamos a tener dos mas para hacer soja. La idea era optimizar la rentabilidad agrícola. Así hicimos, fuimos eliminando el gatton y la alfalfa y los reemplazamos por el silo de maíz que es mejor y produce mas”, reconoció Mario.
Como parte de esta integración, la agricultura tiene una secuencia que incluye: soja; maíz de primera; soja de primera; trigo, soja de segunda y maíz para el picado.

Engorde de invernada
Ubicado en forma estratégica dentro del campo, el feedlot esta diseñado para permitir un correcto y eficiente manejo de la hacienda. “El objetivo es tener el menor acarreo posible del silo de picado de maíz, el que permite abaratar el costo de la ración”, explica Andrés Aguilar Benítez, durante la visita al establecimiento.
En Las Chilcas se produce todo el grano necesario para el autoabastecimiento del engorde. Un patio de comidas, construido a la par de los 40 corrales que conforman el feedlot, hace que el transporte de las raciones resulte mas seguro. “El diseño de espejo (corrales enfrentados) permite que los mixers se trasladen vacíos lo menos posible. Sucede que los números son muy finos y hay que ser lo mas eficiente posible”, comento Andrés.
Los terneros cruzas llegan al campo procedentes de todo el país (La Pampa, la cuenca del Salado y el NOA). Su ingreso se produce con entre 150 y 160 kilos y salen terminados con 300 y 310 kilos, directos a la faena para consumo interno.
“Sabemos las consecuencias que tiene esto (la faena de animales tan chicos) para la ganadería; pero si nos pasamos con los kilos el animal es castigado con el precio”, reconoce Mario Aguilar Benítez.
Durante su estadía en los corrales, los animales atraviesan por dos etapas: una recría, en la que una dieta sobre la base de un alto porcentaje de fibra, a partir del picado de maíz, y otra de engorde, con más energía a partir de la incorporación de más grano de maíz; todo sazonado con la incorporación de sal, carbonato de calcio y núcleos minerales.

Preferencias
Para la confección del silo de maíz picado, el feedlot se reserva las mejores 700 hectáreas de la rotación agrícola del establecimiento. “Pero las paga”, aclara Mario.
“La agricultura le vende los granos a la ganadería. Hilamos tan fino que hasta agregamos el costo de pérdida que vamos a tener, con el lote que lleva el maíz para picado, por el menor rinde de soja que vendrá luego de la rotación”, completó Andrés, un joven ingeniero industrial pero dedicado de lleno a la producción agropecuaria.
Si  bien la capacidad instantánea del feedlot es para 12 mil cabezas, durante los meses de verano el encierro disminuye a la mitad. El clima hace que la tasa de conversión no sea tan eficiente durante los meses de alta temperatura. “Estamos en 1,2 ciclo por año, pero vamos creciendo. Tratamos de darle la fibra justa y necesaria. Estamos con muchas ventajas competitivas en esta zona”, sostiene Aguilar Benítez.

Los números
Con la fortaleza que les brinda el sistema de toma de datos automatizados, que elimina los errores en la lectura de las balanzas y permiten medir los índices de producción en forma precisa, la empresa adquirió rigurosidad extrema en la confección de sus números.
“El negocio depende hoy de la compensación nacional, con el riesgo que ello implica. Hay un atraso de seis meses promedio en el pago, lo que genera un costo financiero importante”, admite el productor.
Con un precio actual del ternero puesto en el campo de 4,10 pesos por kilo vivo, y un costo de kilo producido de 4,15 pesos, el precio de venta del kilo vivo del novillito es de 3,35 pesos, de acuerdo con las cifras exhibidas por la empresa. “En la ultima feria nos habíamos puesto el limite de comprar el ternero a 3,90 pesos puesto en el campo, pero a ese valor no pudimos comprar nada”, reconoció Andrés Aguilar Benítez.
Con esa ecuación, el ciclo muestra una rentabilidad negativa de 20 por ciento, que solo se tiñe de azul cuando se perciben las compensaciones. “ahí la rentabilidad positiva es de 12 por ciento, pero si le trasladamos el costo financiero que significa cobrar la ayuda con seis meses de atraso, la rentabilidad es cero”, razonó Andrés.
A la hora de similar escenarios hipotéticos, los productores aseguran que si no existiera la compensación oficial, y para alcanzar una rentabilidad neutra, el kilo vivo del novillito de 300 kilos tendría que valer 4,17 pesos, un 25 por ciento mas que el precio actual.
Y si la meta es igualar la rentabilidad que otorgan las compensaciones,-“pagadas a tiempo”, aclaran-, el precio vivo de venta de novillo tendría que ser de 4,74 pesos.

“Se necesitan reglas estables”
Mas allá de la fuerte apuesta que realizan los Aguilar Benítez por la ganadería, la coyuntura que atraviesa el sector genera dudas en el negocio. Mientras la demanda sigue firme, lo que se refleja en un nivel record de producción de carne, el principal problema que tienen los ganaderos es la incertidumbre.
“Eso complica proyectar y planificar; es un grave problema para la actividad”, reconoció Mario Aguilar Benítez.
La previsibilidad, a partir de las reglas claras para producir, y una política de largo plazo, son las medidas básicas que el sector primario le reclama al Gobierno Nacional. “La ganadería tiene ciclos muy largos durante los cuales se deben mantener las reglas de juego. Si estas  se cambian, las consecuencias son negativas”, asegura el productor.
La decisión de dejar sin efecto la elevación del peso mínimo de faena de 260 a 280 kilos, luego de que la medida fue anunciada para entrar en vigencia en julio, causó perjuicios económicos, según admiten los ganaderos. “Ya teníamos animales terminados a 280 kilos y la medida se dejo sin efecto. Esos 20 kilos de mas son mayores costos”, aseguró Andrés Aguilar Benítez.
Más allá de la coyuntura, la empresa tiene planes a futuro. “Buscamos ahora compartir el riesgo, por eso estamos negociando con los frigoríficos para hacer el servicio de hotelería. Lamentablemente venimos de un año en el que no tuvimos todo el alimento que queríamos, de lo contrario estaríamos tapados de animales”, admitió Mario.